A 20 AÑOS DE LA INSURRECCIÓN CÍVICO-MILITAR
| Infografía de Ciudad Caracas, 3 de febrero 2012 |
Venezuela : ¿Qué fue el 4 de Febrero? (con la infografía de Ciudad Caracas)
Sábado 28 de enero de 2012.
El 4 de febrero fue una insurrección
cívico-militar en el año 1992, escenificada en las principales ciudades
del centro-occidente del país. Además de los comandantes a cargo de las
operaciones –Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta
Chirinos, Jesús Urdaneta y Miguel Ortíz Contreras–, unos 14 mayores, 54
capitanes, 67 subtenientes, 65 suboficiales, 101 sargentos de tropa y
2.056 soldados alistados, tomaron parte en el movimiento militar.
Asimismo, grupos pequeños de civiles provenientes de distintas
organizaciones de izquierda venezolanas participaron en la acción. El 4
de febrero, junto a la posterior insurgencia del 27 de noviembre de ese
mismo año, marcó el ápice –el punto más alto– de las luchas sociales y
políticas del período 1989-1993.
1. Antecedentes, contexto social y político de la rebelión
Aunque iniciado en medio de conflictos y un clima fuertemente
represivo, el Puntofijismo había sido el proyecto político hegemónico en
Venezuela por más de treinta años. El reconocimiento de ciertas
conquistas sociales y políticas y el aumento de los precios del petróleo
desde el año 1973, contribuyeron a la legitimidad y estabilidad del
régimen que, sin embargo, era conocido por sus tendencias represivas,
burocráticas, y la extensa corrupción.
En 1983 la devaluación del bolívar marcó el fin de la “Gran
Venezuela”, donde los altos precios petroleros y el elevado gasto
público crearon una sensación de prosperidad que contrastaba con el
aumento de la pobreza, la precariedad y el deterioro de los servicios
públicos. Durante el gobierno de Jaime Lusinchi (1984-1989) se
experimentó por última vez con el modelo de capitalismo de Estado
vigente en las décadas anteriores, pero la corrupción, la disminución
del nivel de vida y la represión social y política se incrementaron.
Matanzas como la de El Amparo y Yumare demostraron el poder de
fuerzas especiales y paramilitares como la Disip (Dirección de Servicios
de Inteligencia y Prevención) y el Cejap (Comando Específico José
Antonio Páez), mientras la corrupción llegaba a niveles nunca vistos, a
través del esquema de control de cambios llamado Recadi (Régimen de
Cambios Diferenciales). Las luchas sociales de gran escala se habían
reactivado ya con los sucesos de marzo de 1987 en Mérida.
En las elecciones de 1988 Carlos Andrés Pérez se impuso. Apenas
tomado el poder, decretó un paquete de medidas económicas de impacto
fulminante sobre la población, sobre todo, el aumento de la gasolina,
que hizo estallar la insurgencia popular del 27 de febrero de 1989. El
surgimiento de nuevas organizaciones populares de base, la elección
directa de alcaldes y gobernadores, y el distanciamiento de grandes
grupos mediáticos como el 1BC y El Nacional de los partidos
tradicionales, marcó el inicio de una crisis hegemónica, como no se veía
desde los años 60, con la gobernabilidad completamente destruida por
las luchas populares. La represión a la insurgencia del 27 de febrero
fue seguida por luchas sociales de base que se extendieron
ininterrumpidamente hasta 1993. Desde finales de los años 70, esquemas
represivos basados en redadas, recluta forzosa, represión de
manifestaciones y grandes operativos de seguridad, habían sido la forma
del régimen Puntofijista de lidiar con el descontento social creciente y
la precariedad de la vida económica y social. Esa represión fue
contestada por luchas populares constantes, sobre todo a nivel de los
estudiantes de educación media, organizaciones populares de base como
las Asambleas de Barrio, las Mesas de Agua, y algunos gremios y
sindicatos.
Venezuela era un país altamente urbanizado, donde una población
precarizada, agobiada por la inflación, la especulación, el desempleo,
el subempleo y los servicios públicos deteriorados, luchaba ahora, no
sólo por reivindicaciones sociales localizadas, sino por una
transformación en sus condiciones de vida que abarcaba todos los
aspectos.
Pero mientras una lucha por el poder se escenificaba día por día en
las calles, con protestas, movilizaciones y actividad de las bases
populares, la posibilidad de una salida pacífica o armada había sido
demostrada por fuerzas políticas nuevas como la Causa R, que logró
vencer la corrupción electoral Puntofijista, y por el mismo 27-F, que
puso en evidencia las capacidades de una movilización popular a gran
escala. Las opciones para una coordinación superior de las fuerzas
populares no estaban todavía a la vista, sin embargo, sin que la mayoría
de la población lo supiera, las divisiones y conflictos que enfrentaban
a distintos sectores de los partidos políticos predominantes, a grupos
empresariales con el gobierno, también habían llegado a un sector de
importancia capital: las Fuerzas Armadas, que habían sido hondamente
afectadas por la corrupción imperante, la profundización de la pobreza y
la cesión constante de soberanía nacional.
2. La resistencia militar al Puntofijismo
En las Fuerzas Armadas modernas alrededor del mundo han existido
siempre organizaciones políticas de todo tipo, y estas frecuentemente
estuvieron influenciadas por ideas nacionalistas y revolucionarias. Así
ocurrió en Egipto, donde en torno a Gamal Abdel Nasser se formó un grupo
de militares que habría de derrocar al rey Farouk. También, en países
sudamericanos como Argentina, donde Juan Perón se convertiría en un
importante líder popular y en Bolivia.
En Venezuela, la influencia de partidos políticos sobre el sector
militar moderno, se remonta a los años 40, cuando organizaciones
clandestinas de militares al mando de Marcos Pérez Jiménez, conspiraron
con Acción Democrática para derrocar a Isaías Medina Angarita. Pero el
acercamiento de militares a las fuerzas políticas de izquierda se
remonta, tanto a la época de resistencia a la dictadura de Pérez
Jiménez, como al período de la lucha guerrillera, cuando la influencia
del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y el Partido Comunista
en las Fuerzas Armadas, fue suficiente para impulsar tres insurgencias
cívico-militares de importancia (el Carupanazo, el Barcelonazo y el
Porteñazo), tras las cuales una amplia represión y depuración
desmoviliza a la izquierda militar venezolana por unos quince años.
Sin embargo, a finales de los 70, en torno a tres líderes militares,
Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas (Ejército) y William Izarra
(Aviación), se forman grupos o “logias” militares separadas que
empezarán a colaborar y encontrarse entre sí, progresivamente. Un factor
fundamental en la radicalización de estos militares, especialmente de
Chávez e Izarra, es la influencia del PRV (Partido de la Revolución
Venezolana), dividido del Partido Comunista y dirigido por el
guerrillero Douglas Bravo, en el que militaba Adán Chávez, hermano del
futuro comandante, quien se convierte en su enlace con esa organización,
aunque otros militares y civiles también cumplían la misma función.
Para principios de los 80, la actividad organizativa y conspirativa
dentro de las Fuerzas Armadas es extensa, abarcando a veces grupos de
más de ochenta oficiales, altamente organizados en círculos, protegidos
por seudónimos y otros mecanismos de seguridad. En ese contexto, William
Izarra fundará, primero, el ER-83 y luego ARMA, mientras que Hugo
Chávez organizará el Comité de Militares Bolivarianos, Patrióticos y
Revolucionarios y el Ejército Bolivariano Revolucionario, movimientos
que más adelante se convertirán en el MBR-200, cuyos miembros harán el
legendario juramento en el Samán de Güere, en 1983.
A medida que avanzaba la década, estas tramas conspirativas se
extendían dentro y fuera del mundo militar, ramificándose entre ciertas
organizaciones de izquierda, consolidándose a medida que sus dirigentes
avanzaban en la jerarquía militar. Pero no todos estaban de acuerdo con
sus principios políticos, y algunos eran de carácter más bien
reaccionario: todavía es objeto de especulaciones el tema de cuántas
conspiraciones más existieron y si estas involucraban oficiales de alto
nivel, especialmente generales –como Ítalo del Valle Alliegro, ministro
de la Defensa de Carlos Andrés Pérez–, e importantes figuras políticas,
como Arturo Sosa, quien fuera más adelante rector de la Universidad
Católica Andrés Bello (UCAB). En 1993-94 se hablaría incesantemente de
un golpe de derecha, cuyos responsables estaban, al parecer, en el Alto
Mando Militar.
Pero sea como sea, la insurgencia de febrero de 1992 fue
protagonizada por los llamados COMACATES –Comandantes, Capitanes y
Tenientes–, es decir, oficiales de mediana graduación, y hegemonizada
por un proyecto nacionalista y revolucionario, que sería el resultado de
la colaboración de más de una década entre la izquierda civil y
militar.
3. La rebelión cívico militar
La llamada Operación Zamora se escenificó en la zona
centro-occidental de Venezuela, en los estados Aragua, Carabobo,
Miranda, Zulia y el Distrito Federal (actual Distrito Capital), desde
las 3:00 pm del 3 de febrero de 1992, hasta aproximadamente las 3:30 pm
del día siguiente. Alrededor de 2.300 efectivos militares –300 oficiales
y un poco más de 2.000 soldados– fueron movilizados para deponer al
entonces presidente Carlos Andrés Pérez, que regresaba del foro
económico de Davos.
Caracas
El eje del movimiento insurgente fue el Distrito Federal, donde se
concentran tradicionalmente, los poderes públicos en Venezuela. Allí,
desde las 11:00 pm del 03 de febrero, se escenificaron los
enfrentamientos más intensos. La base de operaciones de los insurgentes,
comandados por el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, estaba en el
Museo Militar, en el 23 de Enero. Los principales puntos estratégicos de
la capital, que sirvieron de escenario para las operaciones, fueron:
La Residencia Presidencial La Casona.
El Palacio de Miraflores.
El Fuerte Tiuna.
Las Comandancias Generales del Ejército y la Armada.
El Comando Regional número 5.
El Comando de Seguridad Urbana de la Guardia Nacional.
La sede de la Disip en el Helicoide.
La sede de la Comandancia de la Policía Metropolitana en Cotiza.
La sede de Venezolana de Televisión en los Ruices.
La Base Aérea Francisco de Miranda.
Una combinación de suerte y la oportuna reacción de sus ministros
salvaron a Carlos Andrés Pérez de la captura y el derrocamiento. A su
regreso de Suiza, fue recibido en el aeropuerto por el Ministro de la
Defensa, general Fernando Ochoa Antich, y el Ministro de Interiores,
Virgilio Ávila Vivas. Ya en la residencia presidencial, Pérez decidió
trasladarse al Palacio de Miraflores tras una llamada de Ochoa Antich,
quien le informó de la insurgencia en el Zulia. Gracias a esa súbita
decisión logró evadir a los insurgentes, quienes estuvieron a pocos
minutos de capturarlo.
En consecuencia, a la medianoche, varios tanques y una unidad de
paracaidistas intentaron tomar el Palacio de Miraflores. Pérez escapó
nuevamente, esta vez hacia la sede de Venevisión, canal de televisión
propiedad de su socio de décadas, Gustavo Cisneros. Desde allí condenó
la rebelión, cerca de la 1:00 am del 4 de Febrero.
Maracaibo
Francisco Arias Cárdenas, comandante del grupo de artillería
misilística "José Tadeo Monagas", tomó a medianoche la casa de Oswaldo
Álvarez Paz, gobernador del estado Zulia y se proclamó gobernador
militar de la región, comunicando a través de la radio los motivos y
razones de la insurgencia.
Entre los principales puntos tomados en la región estaban:
El puente sobre el Lago de Maracaibo.
El Cuartel Libertador.
Los Destacamentos 33 y 35 de la Guardia Nacional.
El Cuartel de Patrulleros de la Policía del Estado.
La sede de la Disip.
Instalaciones petroleras de la Costa Oriental del Lago.
El canal 2 de televisión.
Aragua y Carabobo
En Maracay, al mando del Teniente Coronel Jesús Urdaneta Hernández y
del Teniente Coronel Jesús Ortiz Contreras, se sublevaron 3 batallones
de la 41ª Brigada de Infantería Paracaidista, el Batallón “García de
Sena” y el Batallón de Cazadores “General Vásquez”. Los combates de
mayor intensidad ocurrieron en el Cuartel Páez, a dos cuadras del
Palacio de Gobierno, en el Cuartel La Placera y en la base Libertador.
Los rebeldes no lograron tomar la base ni apropiarse de los aviones.
En la guarnición de Valencia se movilizaron el Batallón Blindado
“Pedro León Torres”, el grupo de Artillería de Campaña Lara, el batallón
de apoyo “José G. Lugo”, la Compañía de Comunicaciones y una Compañía
de Honor. Durante unas 15 horas, los insurrectos tomaron puntos
estratégicos como el Comando Regional N° 2 de la Guardia Nacional.
Rendición y desmovilización
La sangrienta retoma del Palacio de Miraflores a las 4:00 am, y el
escape de Pérez, determinaron el fracaso de la operación, cuyo eje era
la toma del centro del poder político. En la mayor parte del país,
incluso en Caracas y sus alrededores, existía una gran confusión
informativa y los rebeldes no tenían forma de comunicarse con la
población en general; las únicas informaciones disponibles venían del
gobierno y de las televisoras privadas.
Para evitar un desenlace sangriento, como los ocurridos décadas atrás
en Barcelona y Carúpano, se entregó el líder de la operación, el
Teniente Coronel Hugo Chávez Frías. Pero la derrota militar se convirtió
en una victoria política de largo y corto plazo. Cerca de la 1:00 pm y
como parte de las condiciones de la rendición, se transmitió un mensaje
de Hugo Chávez, cuyo propósito era reconocer el fracaso del movimiento
insurgente y desmovilizar las fuerzas del Zulia, Aragua y Carabobo, a
fin de evitar un mayor derramamiento de sangre. Pero al darle la
libertad al líder de la insurgencia para expresarse libremente, este dio
un mensaje de importantes consecuencias políticas. Saludó con calma a
los venezolanos, felicitó en los mejores términos a sus subordinados,
reconoció su derrota responsablemente, se refirió a la posibilidad de
“nuevas situaciones” y sobre todo, entró en el imaginario colectivo,
presentando su insurgencia como bolivariana y a sí mismo como “El
Comandante Chávez”. De esta manera se convirtió, en pocos segundos, en
el rostro y la voz más conocida de Venezuela en las dos décadas
siguientes.
"En primer lugar quiero dar los buenos días a todo el pueblo de
Venezuela” (…) "Compañeros: lamentablemente, por ahora, los objetivos
que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital; es decir,
nosotros aquí en Caracas no logramos controlar el poder” (…) "vendrán
nuevas situaciones. El país tiene que enrumbarse definitivamente hacia
un camino mejor”.
Motivados, sin duda alguna, por la urgencia de desmovilizar los focos
insurgentes a la brevedad posible, el liderazgo político y militar
Puntofijista, cometió uno de los errores políticos más importantes de la
historia moderna de Venezuela. Escuchado el mensaje de Hugo Chávez, se
inició la desmovilización y rendición de los rebeldes en todo el país,
los de Valencia fueron los últimos en entregar las armas, cerca de las
3:00 de la tarde.
4.Consecuencias de la Rebelión del 4F Corto plazo:
Profundizó los conflictos entre la clase política Puntofijista. En
la sesión del Congreso Nacional del 5 de Febrero, se enfrentó la
consigna de “muerte a los golpistas” de David Morales Bello, jefe de las
tribus judiciales venezolanas, con los discursos críticos de Rafael
Caldera y Aristóbulo Istúriz. El primero, reconstruiría su liderazgo
personal y llegaría a la presidencia en 1993, el segundo sería alcalde
de Caracas.
Desencadenó la insurgencia del 27 de Noviembre.
Radicalizó las luchas de calle, que se prolongarían hasta bien
entrado 1994, y les dio varios referentes políticos unificadores:
La
reivindicación de Simón Bolívar y la figura de Hugo Chávez.
Desencadenó los eventos que llevaron a la salida del poder de Carlos Andrés Pérez.
Largo plazo:
Destruyó definitivamente la hegemonía de la clase política Puntofijista sobre las fuerzas armadas.
Colocó en el horizonte de la política venezolana la reivindicación del proyecto bolivariano.
Cambió la relación del sector militar con la política nacional y
posicionó a Hugo Chávez como uno de los dirigentes políticos más
conocidos y carismáticos de la historia reciente de Venezuela.
Aceleró el proceso de fragmentación de la clase política, el
debilitamiento de los principales partidos y el relevo generacional en
el mundo político. Para 1993, AD y COPEI estaban gravemente debilitados
electoralmente.
Puso en movimiento los eventos que llevarían al inicio del proceso
bolivariano, primero como propuesta de constituyente, luego como
movimiento político-electoral y finalmente como gobierno y corriente de
mayor fuerza en la política nacional.
Fuente : ALBA TV , http://albatv.org/Que-fue-el-4-de-F...
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